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La otra tumba

Presos Políticos

Venezuela tiene prohibido olvidar lo que el régimen está haciendo con los presos políticos, a los que no ha podido doblegar



Tamara Suju Roa

Las improvisaciones y la total falta de políticas públicas que pudieron en 17 años de desgobierno haber mejorado la crisis penitenciaria del país, llevaron al gobierno de Chávez a construir unos campos de depósitos humanos para meter a la población penal, de cemento y tierra, de techos de hojalata, sin un básico sistema para el acceso al agua potable,, con gran deficiencia de luz, donde los presos permanecen en peores condiciones que los animales en los zoológicos.

El centro penitenciario 26 de Julio, en San Juan de Los Morros, estado Guárico, Venezuela, es uno de ellos. Polvo, cemento y mucho calor. Así se encuentra el preso político Vasco Da Costa, detenido desde el 24 de junio del 2014 luego de que un patriota cooperante (un testigo no identificado) lo acusara por “supuestamente haberlo oído hablar” de desestabilizar al país. Es decir, utilizando la figura del “sapo tarifado” el régimen de Maduro metió preso a Vasco Da Costa.

Ahora bien, imaginen ustedes la zona de los “tigritos” o celdas de castigo. Jaulas ubicadas una al lado de la otra que miden 2 x 2 metros, con cuatro paredes, es decir, sin puerta y sin ventanas, con unas rejas como techo que le da la sensación de estar dentro de una alcantarilla o en una jaula para transportar animales. Por encima de estas rejas caminan los custodios de la cárcel. En estas jaulas hay presos castigados, algunos con problemas de conducta y la que ocupa Vasco Da Costa. Yo quiero que mis lectores imaginen el calor, la dureza extrema del suelo, la sensación que debe producir psicológicamente el estar encerrado dentro de 4 paredes las 24 horas del día en un sitio al extremo pequeño, a altas temperaturas, sin ningún tipo de asepsia, sin agua potable, sin saber que ocurre en el mundo exterior, sin poder conversar con nadie, y con la vista hacia arriba siempre, porque en esa situación de vulnerabilidad, nunca se sabe que puede ocurrir.

En la jaula de Vasco Da Costa hay un pequeño catre y una letrina en el piso. El hueco que hace de letrina tiene un pequeño chorro de agua, por el cual al parecer sale el liquido sólo 10 minutos al día. De este chorrito de agua, el de la letrina, bebe Vasco Da Costa. Insalubre, no potable, y con el mal olor del hueco en el que cae. Tullido- porque Vacó Da Costa es un hombre alto y fuerte- solo lo sacan por un rato a estirar las piernas, cuando se dan cuenta que está en malas condiciones, quizás una o dos veces por semana. Entre gritos de otros presos, tratos crueles por parte de los custodios, comida escasa y muchas veces descompuesta, Vasco ha perdido 35 kg de peso. Durante los primeros tres meses en este lugar, Vasco estuvo totalmente incomunicado de sus familiares y abogados. Sus días transcurren tirado en la jaula, sin libros, sin lectura, 24 horas del día sólo escuchando los ruidos externos.

¿Qué pasará por la cabeza de éste politólogo e intelectual, que no ha cometido delito alguno, pero la tiranía lo somete a torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes durante las 24 horas del día?   Quizás algún día el mismo nos lo cuente…

Vasco sufrió heridas de perdigón a raíz de un motín que hubo en la cárcel realizado por los presos para que les mejorarán las condiciones de reclusión. Al día de hoy, ningún médico ha atendido esas heridas. El pasado 6 de Mayo lo sacaron de la jaula y lo llevaron a una celda con otros presos. Un año vivió Vasco Da Costa uno de los peores infiernos de su vida, pero hay otros presos que siguen en esos depósitos de seres humanos. Hace apenas tres días, Vasco fue golpeado e insultado por negarse a hacer orden cerrado y gritar consignas de «viva Chávez y viva Maduro».

Sobrevivir a ésta Tumba, conservando la cordura, la entereza, la dignidad, es admirable. Venezuela tiene prohibido olvidar lo que el régimen está haciendo con los presos políticos, a los que no ha podido doblegar.