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El Bolívar/pueblo

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Es un sentimiento anidado en lo más profundo del alma venezolana, protegido y defendido por el mismo pueblo humilde.

Rafael Marrón González

Para explicarnos el poder de convocatoria popular ante la evocación del nombre de Bolívar con fines políticos, es preciso adentrarnos en el alma sincrética del pueblo venezolano cuyas raíces primitivas siguen presentes en su universo cosmogónico constelado de ánimas, santos y espíritus generosos.

Para el pueblo ingenuo, Bolívar es una expresión de lo intangible, para quien todo es posible y de quien espera todavía la redención de sus sufrimientos “porque si él viviera otro gallo cantaría”, lo que traduce que Bolívar no puede querer otra cosa que el bienestar del pueblo.

El Bolívar pueblo es un Bolívar ungido por la oralidad ancestral, que excede el campo científico de la historia para establecerse en la urdimbre conformada por la santería africana, elementos indígenas, rezagos de superstición colonial, conspicuos personajes populares, y la dulía y la súper dulía cristiana, lo que imposibilita imponer al Bolívar humano en su contexto histórico “porque usted no va a sabé más que mi “aguelo Antonio”, que no le gustaba que le tomaran foto y que se murió de noventa y lo conocía como si lo hubiera visto porque se le aparecía en  espíritu y todo”.

“En cada casa tienen a Bolívar en un altar para pedirle favores. Y cumple. Es bueno para el dinero, para los negocios, para la suerte”. 

Pero esa devoción no es delegable y está muy equivocado el político que pretenda capitalizar para sí ese sentimiento como argumento para sus desafueros. Ellos están claros conque Bolívar es histórico, no político, y para ellos y para siempre, forma parte integral de sus más profundas creencias mágico religiosas.

Bolívar/pueblo

Este Bolívar/Pueblo anida en lo más profundo del alma venezolana, protegido y defendido por el mismo pueblo humilde. Heredero del que empuñó las lanzas y murió y venció por la libertad bajo su voz lejana. Y ninguna acción humana podrá jamás moverlo de esa concepción. Este Bolívar no era hombre. Hombre para ellos era Páez o Negro Primero. Bolívar era un enviado celestial: “Pero este hombre fue mandado por el mismo Dios, porque el caballo donde él andaba no apareció. Él luchaba en un caballo en la forma de un ángel, y el ángel se desapareció. El caballo era un ángel. Y por eso era que ese hombre luchó, venció y no murió como dice el dicho matado de nadie, murió por la naturaleza”.

Hasta en el boxeo 

“Cuando me tocó pelear en Japón, donde hay que ganar ajuro por “nocao”, me arrodillé en la esquina y le pedí la espada a Bolívar, y con su espada gané en el décimo. Yo siempre pelee con la espada de Bolívar y nunca me falló” (Luís “Lumumba” Estaba. Boxeador venezolano. Ex campeón mundial).

Puebla los sueños del pueblo 

Y Bolívar también invade los sueños de nuestra gente: “Lo sueño mucho, profesor. Y siempre lo sueño con el mismo sueño. Voy a buscar un pintor para contarle el sueño y me pinte un cuadro. Porque eso es un mensaje que me está mandando Bolívar para toda Venezuela. Pero yo no sé lo que significa. En el sueño Bolívar se me presenta con su uniforme, pero descalzo, tiene un pantalón blanco, y su guerrera, pero no tiene sombrero, sentado en un banco en un túnel, en la mano izquierda sostiene un hueso largo, debe ser un fémur, lo tiene agarrado por un extremo y parado hacia arriba. A su lado hay otro militar, parece Sucre. Están hablando. Bolívar no lo mira. Él mira de frente siempre. Muy derecho. El otro está ladeado mirándole el perfil.  No entiendo lo que dicen. Pero hablan. El otro parece rogarle. Encima del túnel hay una cerca y una llanura verdecita. Y allí está el caballo blanco, sin silla, pastando tranquilo. Pero con las patas montadas sobre la cerca está un caballo negro, negrito, todo negro, negrísimo, amenazante. Furioso. Lo veo clarito. El caballo blanco tranquilo y el caballo negro alzado. El viento le alborota la crin. A Bolívar lo veo bien está en la esquina del banco, pero al otro que me parece Sucre, no lo distingo bien. El techo del túnel donde está Bolívar, es como el techo de una iglesia. Y en la parte de arriba no hay camino. Es como si fuera más bien una cueva, pero al fondo se ve la luz de la salida, por eso digo que es un túnel. Y ese sueño lo tengo casi todas las noches. Ya me lo sé completico. Quiero pintar un cuadro”. (Narrado por un viejo amigo, vigilante privado. Puerto Ordaz).

El mito creado por la ingenuidad popular

Una mañana conversaba en mi programa radial sobre la vida de Bolívar y sus mitos y un oyente me llamó para defender la supuesta predestinación consciente del futuro Libertador que, según sus palabras “de niño jugaba con soldaditos de plomo simulando batallas por la libertad comandadas por su precocidad, preparándose así para el futuro que pacientemente esperaba mientras crecía”.

Y el mito de los intereses creados

La realidad de este “destino manifiesto” es que fue conformado en la mente del pueblo, durante generaciones, por homéricos maestros, historiadores y poetas que así lograron masificar un infalible Bolívar sobrehumano, invencible y delirante a cuya visionaria elocuencia temblarían los anales del futuro cuyos siglos asombrados penderían de la profusa dimensión de sus pensamientos validados en broncíneas citas indiscutibles, que, como triste resultado, lo alejó del pueblo y lo colocó en inútil adoración perpetua, al servicio de los intereses políticos de las ambiciones de turno, de ayer y de hoy.

El bronce ocultó al bolívar humano

El bronce y el mármol y el sortilegio de los mitos divinizantes transmigraron la dimensión demasiado humana del Bolívar real, altivo,  humilde, vengativo, autoritario, cruel,  bondadoso, inquieto, justo, injusto, enamorado, inflexible, terco y genial. 

Sencillamente un hombre de carne y hueso, con debilidades, fortalezas,  defectos y virtudes, al que los llaneros llamaban “culo e´ fierro” y los granadinos “longaniza”;  el que se impuso al resto de los  prohombres de la independencia americana, por la lucidez y coherencia de su pensamiento y acción dirigidos hacía un objetivo irrenunciable; el de la indoblegable  persistencia, fortaleza de carácter, capacidad de  sacrificio e  indomable  fuerza  de  voluntad; el romántico revolucionario de profundas contradicciones que aprendió en la amargura que una cosa es el ideal y otra muy distinta la realidad; el que se sacudía el polvo de las derrotas para levantarse al aliento de su humana voluntad y continuar la lucha a pesar del alerta de las heridas, convencido de que “Dios concede la victoria a la constancia”. Este es el Bolívar, que despojado del oropel artificioso del altar, es útil al pueblo como egregia referencia de la capacidad del hombre, varón y varona, para llevar a cabo aquello que como tal se propone. 

Una estatua para el Bolívar derrotado

No existe una sola estatua que recuerde al Bolívar derrotado del año 14, al de la Emigración a Oriente, al del exilio de Jamaica, al abandonado de Ocumare, al desorientado del Rincón de los toros,  al desconsolado viudo de 20 años o al moribundo de Santa Marta que como Alonso Quijano deliraba “Vamonós, vamonós, que esta gente no nos quiere”.

Todos quieren al Bolívar triunfador, de cegante mirada alucinada, fulgurante de medallas que jamás usó; el de la frente abatida por el dolor y el fracaso a nadie interesa, sin entender que el Bolívar de la estrella centellante surgió del Bolívar derrotado y fugitivo de la Carta de Jamaica que en Cartagena expresara: “…El que lo abandona todo por ser útil a su país no pierde nada y gana cuanto le consagra (…) Me iré a vivir lejos de mis amigos y de mis compatriotas, y no moriré por la patria (…) infeliz de mí que voy a morir lejos de Venezuela, en climas remotos…”.

Mitos, mitos que deifican las acciones superiores del hombre, condenando al héroe a un eterno gravitar sobre pueblos encadenados por la ignorancia y los vicios estimulados por la recurrente demagogia, con la promesa imposible de una redención que en realidad está en la voluntad individual como ejemplifica magistralmente la inmensa obra del Bolívar humano.

Un poema para el Bolívar/pueblo (RMG)

“Ante el Bolívar/Pueblo/ del color de América/ un humilde hijo de su insigne aliento/ con las gastadas manos/ tristes y cansadas de arar en el mar/ clama justicia/ con la mirada absorta/ en el mudo bronce del Bolívar/Héroe. “Por qué si él existiera”/ susurra con voz trémula y doliente/ como en oración/ “su espada de anhelo/ callaría el dolor/ vencería las sombras/ rompería cadenas”. Y en la soledad/ un acongojado llanto secular/ impotente corre/ por las profundas grietas del mestizo rostro/ mutilado por los sufrimientos. Y conmovido el bronce/ del Bolívar símbolo/ inclina la frente con pesar intenso”. 

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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