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Amigos, enemigos y defensores de Bolívar

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Al general peruano Gerónimo Valdés, cuando le recordaban que El Libertador lo había cubierto de gloria, respondía que eso era cierto, pero que Bolívar le había quitado la mujer.

 Rafael Marrón González

II

Simón Bolívar tuvo amigos que se debatieron entre bandos, como Pedro Briceño Méndez, secretario privado de Manuel Piar, que trataba de conciliar ambas potencias sin percatarse que en esas circunstancias no se puede estar con Dios y con el Diablo; y Daniel Florencio O´Leary, el recio edecán  irlandés, celoso guardián de la memoria histórica del héroe, y a quien debemos muchas exageraciones e inexactitudes,  que enfrío su amistad al ignorar una orden de Bolívar cuando en misión diplomática en Venezuela pretendiera apresar al general Páez para llevarlo preso a Bogotá, y complacer a Santander.  Aunque después recuperó el afecto del Libertador.

Amigos por la gloria

Y amigos entrañables en los inicios de la guerra, antes de que los intereses políticos  sustituyeran la pasión por la libertad, que entregaron su prometedora vida siguiendo al genio empecinado,  durante los años 13 y 14,  como, para nombrar solo dos, Vicente Campo Elías, el corajudo español que se unió al Ejército Libertador a su paso por Mérida, en 1813, para morir el 28 de febrero de 1814, de una herida recibida en San Mateo, después de cubrirse de gloria en Niquitao y Los Horcones, Mosquitero y Araure,  La Puerta y La Victoria.  Y como Antonio Ricaurte que se inmoló en San Mateo volando el Parque que estaba a punto de ser tomado por los realistas, cuando ya Bolívar había dado muerte a su caballo para morir en combate al lado de sus hombres por considerarlo todo perdido al percatarse de la maniobra realista, frustrada por este mártir de la libertad.  

Criminales más que enemigos

Y criminales que no se pueden tildar de enemigos, porque carecen de consciencia histórica, simples homicidas como José Hilario López y José María Obando, de quienes premonitoriamente El Libertador opinaría en 1828: ¨…López es un malhechor sin decencia ni honor, un ridículo fanfarrón y jactancioso, engreído y lleno de vanidad…, y Obando …¨ es un asesino… un bandido audaz y cruel… un  tigre sediento de sangre…; deshonran y causan  oprobio al ejército a que pertenecen y a la bandera que llevan…¨.  Estos son los asesinos intelectuales de mariscal Sucre. El vil acto criminal que ocasionó el último dolor al corazón de Bolívar. Posteriormente Obando llegó a detentar la presidencia de Colombia.

Enemigos por odio personal

Como lo fue el general peruano Gerónimo Valdés, que cuando le recordaban, ante sus dicterios antibolivarianos, que Bolívar lo había cubierto de gloria, respondía que eso era cierto, pero que Bolívar le había quitado la mujer.

Serviles como amigos

Y amigos serviles, como Manuel Lorenzo Vidaurre, ex Oidor de la Real Audiencia del Cuzco y Presidente de la Corte Suprema de Justicia, que al observar que le traían al Libertador un caballo árabe muy alto, se puso en ¨cuatro patas¨ para servir de escalón ¨al hombre más grande del siglo¨.   

Enemigos políticos reconciliados

Y también amigos después de su muerte, como José Antonio Páez, que trae con gran pompa sus restos a la Patria, doce años después de haber permitido se decretara su exilio, iniciando su rescate del olvido. Ambicioso y taimado retrasó la independencia tres años, al abandonar a Bolívar en la batalla del Semen, el año 1818, batalla tan decisiva que tuvo que participar el propio Morillo, que recibió un lanzazo que lo atravesó de parte a parte, y lo volvió a abandonar cuando desobedeció sus órdenes de cubrir sus espaldas en los llanos de Casanay, cuando la invasión a la Nueva Granada por Pisba. Enemigo por las circunstancias políticas, juró no haber actuado jamás por odio contra el Héroe.  

Enemigos institucionales

Y el Congreso venezolano de 1830 cuyo Presidente, el cubano Francisco Javier Yánez, comunica al Congreso Constitucional de Colombia “que había resuelto separarse de Cundinamarca y de Quito y que. veía en el general Bolívar el origen de una serie de males que afectan a Venezuela, que tiembla al considerar el riesgo que ha corrido de ser para siempre su patrimonio”. Y añade que desea que Venezuela entre en relaciones y transacciones con Colombia, pero amenaza que éstas no tendrán lugar mientras Bolívar permanezca en suelo colombiano. 

Este Congreso no solo lo proscribe de su patria sino que trata de imponerse para que lo expulsen de la América que su genio ha liberado. Bolívar, una semana antes de morir, exclama: “Esos canallas del Congreso de Venezuela han cometido, por miedo, la abominación de proscribirme”. Más dolor no cabe en el corazón del héroe.

Y el infeliz gobernador de Maracaibo, Juan Antonio Gómez, que al recibir la noticia de la muerte de Bolívar escribe a Páez: «Bolívar,  el genio del mal,  la tea de la discordia o,  mejor  diré,  el opresor de su patria, ya dejó de existir y de promover males que refluían siempre sobre sus conciudadanos… Me congratulo con ustedes por tan plausible noticia». Estallido de euforia vil, que no es más que el suspiro de alivio de la cobardía.  

Amigos por la gloria propia como Antonio Guzmán Blanco, que no lo conoció pero creó la moneda Bolívar, el Panteón Bolívar, la calle Bolívar, la plaza Bolívar… el altar Bolívar,  el culto Bolívar, para usarlo como manto para cubrir sus desafueros, y los de futuros demagogos que en ausencia de un ideario apelan a su nombre como oceánico estandarte. Un campeón de la adulancia recibió un insulto de Guzmán Blanco que le gritó pusiera el cargo a la orden, y el servil, comentó en voz alta, para que Guzmán lo escuchara: “hasta en lo malcriado se parece al Libertador”. Guzmán lo perdonó y le aumentó el sueldo. 

Amigos de verdad como Don Francisco de Iturbe y Eyciso 

Fue uno de los primeros amigos del Bolívar que germinará en Cartagena como el héroe suramericano de proyección planetaria, fiel realistanacido en España en 1769,  logró de Monteverde un salvoconducto para que el joven coronel Bolívar abandonara Venezuela. En esta ocasión el generoso amigo diría al prepotente Capitán General , ¨…si él tiene que sufrir alguna pena, yo la sufro. Mi vida está por la suya…¨. Con el triunfo de Carabobo todas las propiedades de los españoles fueron confiscadas, el Libertador intercedió ante el Congreso el 26 de agosto de 1821, y los bienes de Iturbe les fueron devueltos. Significativa actitud que define la grandeza del hombre que en la cúspide de su poder tiene tiempo y memoria para saldar la vieja deuda con el leal amigo.      

Camilo Torres 

El eminente patriota colombiano, abogado y primer presidente de las Provincias Unidas, entre 1812 y 1814, recibe al Simón Bolívar exiliado y derrotado que grita desgarradoramente, ¨Yo soy, colombianos un hijo de la infeliz Caracas…¨. Y cuando Bolívar retorna derrotado de la invasión a Venezuela en 1814, el insigne colombiano lo recibe con estas palabras: ¨…General, vuestra patria no ha perecido mientras exista vuestra espada, con ella volveréis a rescatarla del dominio de sus opresores. El Congreso granadino os dará su protección, porque está satisfecho de vuestro proceder, habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre…¨. Camilo Torres fue fusilado por Pablo Morillo en 1815, y cuando Bolívar se entera de la situación económica de la viuda del prócer,  le escribe a Santander, el 6 de noviembre de 1821: «…La viuda del más respetable ciudadano de la antigua República de la Nueva Granada se halla reducida a la más espantosa miseria, mientras gozo de treinta mil pesos de sueldo. Así he venido a ceder a la señora Francisca Prieto mil pesos anuales de los que me corresponden…» . Así era Bolívar,  y esa debe ser su herencia.

Rafael Urdaneta 

El caballero de la libertad. En la hora menguada de la envidia, el general Manuel del Castillo, con quien Bolívar compartía el mando de la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia, logra asestar un severo golpe a las aspiraciones de Bolívar de traer tropas colombianas a Venezuela, acusándolo ante el Congreso y ante el presidente Nariño, de ser infiel al régimen federal, Urdaneta le escribe a su compatriota: ¨…General, si con dos hombres basta para emancipar la patria, pronto estoy a acompañar a usted¨, dando comienzo a una larga amistad que soportó  los rigores de las más duras pruebas y que solo la muerte disolvería. Urdaneta fue el hombre de las responsabilidades y jamás defraudó la confianza puesta en sus manos por su amigo, compatriota y jefe,  El Libertador, aunque muchos historiadores no comprenden su actitud sumisa con Arismendi cuando el golpe de estado en Angostura. Fue el Presidente del Tribunal que condenó a muerte a Santander, y a otros sediciosos, por el atentado contra Bolívar el 25 de septiembre de 1828.  Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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