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¿Cómo se salvó Bolívar?

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“Por un pelo” escapó de Boves en La Puerta, el 15 de junio de 1814

 Rafael Marrón González

I

Pablo Morillo llegó a escribir al Rey de España que Simón Bolívar era la revolución. Es decir que si él dejaba de existir la insurgencia americana finalizaría, esto aunado a su intrepidez y a las pasiones políticas, pusieron en incontables oportunidades su vida en peligro, sin embargo, salió ileso de cada una de ellas. ¿Cómo logró sobrevivir a tantas vicisitudes durante tan larga marcha?

Monteverde le salva vida y libertad

Cuando en 1812 se desata la persecución y asesinato de los patriotas, luego de la Capitulación de Miranda, el 25 de julio de 1812, Bolívar, como uno de los más conspicuos jefes de la revolución es buscado activamente, pero se refugia en la casa del marqués de Casa León, y, el 26 de agosto, acude a presencia de Monteverde acompañado por el español Francisco Iturbe, quien le gestiona un pasaporte.

La escena es particularmente dramática: – Aquí está, dice Iturbe a Monteverde, el comandante de Puerto Cabello, don Simón Bolívar, y por él he ofrecido mi garantía; sí a él le toca alguna pena yo la sufro; mi vida está por la suya. Monteverde responde: – Está bien, y ordena a su secretario Bernardo Muro: “Se concede pasaporte al señor Bolívar en recompensa del servicio que ha hecho al Rey con la prisión de Miranda”.

Bolívar se exalta, y a pesar de que peligraba su vida, contesta: – Miranda fue apresado para castigar a un traidor a su patria, no para servir al Rey. Monteverde se enfureció, pero Iturbe lo aplacó: – No haga caso usted de este calavera; dele usted el pasaporte, y que se vaya. Monteverde consideró que la presencia de Bolívar en Caracas, aun preso, era perturbadora para el orden que buscaba imponer y le concedió el pasaporte.

Cuánto se arrepentiría Monteverde de haber subestimado a quien llegaría a expulsarlo malherido de Venezuela apenas un año después.

Nueve años más tarde, en 1821, el Congreso de Colombia intenta expropiar los bienes de Iturbe. Bolívar le escribe: “…Si los bienes de don Francisco Iturbe se han de confiscar yo ofrezco los míos como él ofreció su vida por la mía; y si el Congreso Soberano quiere hacerle gracia, son mis bienes los que la reciben, soy yo el agraciado”.

Mata su caballo para morir con los suyos

En la segunda batalla de San Mateo, el 24 de marzo de 1814, Bolívar se enfrenta a Boves y sus siete mil forajidos con apenas dos mil soldados; en un momento de la encarnizada lucha, en la que se peleó calle por calle, Bolívar ve una columna realista al mando de Morales avanzar hacia el ingenio donde estaba situado el almacén de pólvora y municiones. Esto significaba el fin de los patriotas, y Bolívar mandó desensillar su caballo dispuesto a morir peleando. Y definitivamente su muerte era segura de caer en manos de Boves, pero el neogranadino Antonio Ricaurte ofrenda su vida al volar el polvorín, y las tropas realistas a punto de triunfar huyen espantadas. De nuevo la mano de la Providencia encarnada en el valor inaudito de Ricaurte, salva la vida del héroe.

Por un pelo escapó de Boves en La Puerta

El 15 de junio de 1814 Bolívar se va desde Valencia hasta el campo de La Puerta para detener a Boves que se aproximaba desde Calabozo con 1.800 infantes y 2.000 jinetes. No existen datos sobre cuantos batallones llevó Bolívar ni de cómo colocó las tropas pero según el parte de Boves “el Batallón del Rey” conducido por Francisco Tomás Morales, atacó por el centro; por la derecha y por la izquierda, simultáneamente, atacaron infantes apoyados con caballería; mientras Boves haría un desbordamiento por la derecha para sorprender a los patriotas por la retaguardia”. Esta impecable estrategia rindió rápidamente sus frutos, y los soldados patriotas se desbandaron ante el cerrado ataque. Bolívar escapó milagrosamente a uña de caballo perseguido muy de cerca por las lanzas enemigas. Al llegar a la Victoria le escribió a José Félix Ribas, a Caracas: “De cuantas desgracias ha habido en la guerra de independencia, esta es la mayor”.     

El año 1814 fue fatídico para Bolívar hasta su último día

En Aragua de Barcelona, el 17 de agosto de 1814, el general Bermúdez se niega a seguir el plan de Bolívar de esperar a Morales con la caballería formada en las riberas del río, y se empeña en encerrarla en las angostas calles del pueblo donde perdían toda su eficacia ante el resuelto ataque de la infantería. Bolívar a pesar de todo decide combatir al lado de Bermúdez cuyas fuerzas son destruidas. Bolívar viendo confirmados sus temores y ya a punto de caer en manos enemigas, y mientras 3.700 venezolanos sucumbían ante la locura homicida de Morales, decide escapar con un práctico vía Barcelona hacia Cariaco donde lo esperaba José Félix Ribas.

Ribas y Piar lo querían muerto

Bolívar, acompañado de Mariño, tuvo que salir en persecución del pirata Bianchi desde Carúpano, que se había alzado con el tesoro de la República embarcado en La Guaira, y pretendía tomarlo como pago por sus servicios. Y aquí se desata el odio y la envidia enconada de Ribas contra Bolívar, a quien siempre había visto como un petimetre y al que llamaba peyorativamente “simoncito”, a pesar de sus bien ganados títulos militares. Secundado por Piar que se encontraba en Margarita decide despojar del mando a Bolívar y a Mariño, que era el Jefe de Oriente, y acusarlos de ladrones por no encontrarlos en Carúpano a su llegada desde Cariaco e ignorar la precipitada salida de ambos jefes en persecución de José Bianchi.

Piar que se encontraba en Pampatar se conduce arteramente contra Bolívar que busca refugio en Margarita una vez reducido el pirata Bianchi. El capitán Trinidad Morán, a bordo del Arrogante Guayanés, donde viajaba Bolívar, describe así las acciones: «…De Cumaná pasamos a la isla de Margarita, donde los emigrados del Continente habían levantado una gritería en unión de los isleños contra el Libertador y el general Mariño;  llegamos  al puerto de Pampatar,  donde estaba de Gobernador el coronel Piar,  quien tan inclinado era a las acciones infames. Luego que dio fondo el bergantín Arrogante, que tenía la insignia del Libertador, mandó hacerle fuego, por la fortaleza de aquel puerto. 

El capitán del buque, Estévez, hijo de La Guaira, picó el cable y se dio a la vela poniéndose fuera del tiro de cañón de la plaza,  pero  con la muerte de dos o tres marineros.  El comandante de la goleta Culebra, alzó anclas y siguió el movimiento del bergantín, como así mismo los otros dos buques que tomaron distintas direcciones…».  Cuando Bolívar y Mariño regresan a Carúpano, el 5 de septiembre, con los caudales recuperados,  insólitamente y a pesar de la evidencia de inocencia que significaba este retorno,  fueron  arrestados por Ribas y encerrados en una celda a la espera de Piar que había salido de Margarita con 200 hombres con la intención de ajusticiarlos. Bolívar logra convencer a su carcelero, el capitán Pedro Villapol,  de  que lo deje en libertad, libera a Mariño, se apodera «pistola en mano” de las embarcaciones “El Arrogante Maturinés” y “La Culebra», y seguido de cuarenta y dos oficiales pone rumbo a Cartagena.

El Congreso de la Nueva Granada lo redime

Perdida la segunda oportunidad del suelo venezolano de obtener su libertad, Bolívar se presenta ante el Congreso de la Nueva Granada a rendir cuenta del fracaso de su gestión militar y del destino del ejército encomendado, pidiendo al Congreso se juzgara su conducta, pero Camilo Torres no lo permitió y le escribió: “…General, vuestra patria no ha perecido mientras exista vuestra espada, con ella volveréis a rescatarla del dominio de sus opresores. El Congreso granadino os dará su protección, porque está satisfecho de vuestro proceder, habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre…”.

Ante el peligro de la guerra civil Bolívar renuncia al mando

El general Urdaneta había logrado salvar una parte del ejército bajo su mando en Occidente y lo llevó hasta la Nueva Granada y lo puso bajo las órdenes de Bolívar que inmediatamente lo ofreció al Gobierno para someter a los disidentes de Bogotá, capital de Cundinamarca, y reintegrar la provincia al seno de la Confederación. Ingrata tarea para Bolívar la de combatir contra sus conciudadanos pero era indispensable la medida y después de dos días de sitio y combates dentro de la ciudad, restableció el orden. 

Una vez cumplida la misión ante el Congreso,  la preocupación de Bolívar fue rescatar entre los bogotanos derrotados, el aprecio por la unidad para la Independencia Continental, y que estos no lo vieran como su conquistador, y le escribe al Presidente de Cundinamarca: “…El cielo me ha destinado para ser Libertador de los pueblos oprimidos y así jamás seré el conquistador de una sola aldea. Los héroes de Venezuela que han triunfado en centenares de combates, siempre por la libertad, no habrían atravesado los desiertos, los páramos y los montes para venir a imponer cadenas a sus compatriotas los hijos de América…”.

Se desprende de este comentario de Bolívar que no puede ser bolivariano aquel que pretenda una guerra civil para imponer su criterio. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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