, , ,

La nueva gramática de Delcy   

Comparte en tus redes

Agradeció expresamente al presidente Trump y presentó el reciente acuerdo petrolero como parte de una nueva arquitectura energética. Nicolás Maduro no fue mencionado. Su nombre desapareció cuando Rodríguez recordó que había ocupado los cargos de canciller y vicepresidenta, precisamente durante su gobierno.

Humberto González Briceño

A veces los cambios políticos comienzan por el diccionario. Las mismas personas descubren palabras nuevas, abandonan consignas antiguas y de pronto aquello que durante años fue traición adquiere respetabilidad institucional.

El discurso de Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas fue precisamente eso: un cambio de gramática política.

La presidenta encargada habló de diálogo, reconciliación, inversión, seguridad jurídica, cooperación internacional y elecciones competitivas. Agradeció expresamente al presidente Donald Trump la normalización de las relaciones entre ambos países y presentó el reciente acuerdo petrolero con Estados Unidos como parte de una nueva arquitectura energética.

Poco quedó de aquella liturgia antiimperialista que durante años convirtió a Washington en explicación universal para cada fracaso venezolano.

Pero quizás lo más interesante del discurso no fue lo que Delcy dijo, sino lo que cuidadosamente evitó decir.

Nicolás Maduro no fue mencionado.

Su nombre desapareció de una intervención donde Rodríguez recordó que había ocupado los cargos de canciller y vicepresidenta, precisamente durante su gobierno. El pasado estaba allí, pero convertido en el convidado de piedra de una ceremonia dedicada al futuro.

La omisión no demuestra por sí misma una ruptura política. Sí revela una necesidad discursiva: presentar al actual gobierno como comienzo de una etapa distinta sin repudiar abiertamente el sistema del cual proviene.

Rodríguez habló incluso de cerrar las viejas “trincheras” partidistas y anunció un proceso de transformación democrática, institucional y verificable. Prometió elecciones, diálogo con sectores opositores y condiciones de participación para todos.

Hasta allí, impecable.

El problema apareció inmediatamente después: las elecciones llegarán en el “momento correcto”.

En Venezuela conocemos demasiado bien esa elasticidad del calendario político. Durante años las elecciones se convocaron, aplazaron o administraron según la correlación de fuerzas. Por eso la verdadera novedad no será escuchar que habrá elecciones. Será conocer cuándo, con qué árbitro, bajo cuáles reglas y con qué garantías.

La democracia venezolana no necesita otro adjetivo. Necesita instituciones.

El doble terremoto de junio también ocupó un lugar central en el discurso. Rodríguez utilizó la tragedia como punto de partida para su idea del “renacer” nacional y para solicitar cooperación internacional. Es comprensible. Reconstruir un país devastado requiere recursos que Venezuela no posee y relaciones internacionales que durante años fueron sacrificadas en el altar de la retórica revolucionaria.

Algo similar ocurre con el petróleo. El chavismo combatió durante décadas la inversión extranjera y ahora necesita capital, tecnología y mercados internacionales para recuperar la industria que administró hasta llevarla al deterioro.

La realidad tiene esas groserías.

Delcy Rodríguez presentó en Nueva York una Venezuela moderada, pragmática y dispuesta a negociar. Puede tratarse del comienzo de una transformación profunda o simplemente de la adaptación política de un sistema que ha aprendido que para sobrevivir necesita abandonar parte de su viejo vocabulario.

La diferencia no la decidirán los discursos.

La decidirán los hechos.-

.@humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político con maestría en Negociación y Conflicto en California State University

https://larazon.net/category/humberto-gonzalez-briceno