Solamente el Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, mereció de Bolívar toda su confianza.
Rafael Marrón González / III
Antonio José de Sucre fue el amigo predilecto, el hijo que no tuvo Bolívar, el soldado ejemplar, incorporado a la gesta libertadora cuando apenas cuenta con quince años, acompañó a Bolívar con la espada y con su intelecto como soldado, diplomático, parlamentario y gobernante con quirúrgica precisión. Solamente este noble general mereció de Bolívar toda su confianza: ¨Que todos sepan que yo le he dado a usted el ser de Simón Bolívar. Sí, mi querido Sucre, usted es uno conmigo».
Fue fácil presa del vendabal de odio que envolvió a la Gran Colombia y a todo lo que con Bolívar tuviera relación. Para privar a Colombia de un digno sucesor del Padre de la Patria no vaciló la ambición en asesinarlo cuando apenas contaba 35 años y ostentaba el más elevado prestigio político y militar de América Hispana.
Manuela Sáenz
¨La amable loca¨, amante y amiga, temeraria hasta el delirio, salvó la vida de Bolívar la noche del atentado septembrino. La ausencia del Genio de América la condenó a sufrir los rigores de la maldad de los pequeños tiranuelos que como mala hierba prosperaron en suelo suramericano. Fue desterrada y proscrita. Murió en la miseria, en un oscuro puerto peruano, aferrada al baúl de sus cartas de amor, repitiendo su lema: ¨Amé a Bolívar. Muerto lo venero¨.
José Joaquín Olmedo
El poeta ecuatoriano que aunque conspiró para que San Martín llegara primero a Guayaquil y anexara la región a Perú; se convirtió en tan ferviente bolivariano que en su ¨Canto a la victoria de Junín¨, exaltó homéricamente para la posteridad la figura egregia de Bolívar: ¨¿Quién es aquel que el paso lento mueve/ sobre el collado que a Junín domina?… ¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?… ¡Victoria por la Patria! ¡Oh Dios! Victoria. ¡Triunfo a Colombia y a Bolívar gloria!¨.
José María Mosquera
Fue tal el afecto que Bolívar reciprocó a don José maría Mosquera que solía decir que era el padre que le habría gustado tener. Cuando se enteró de la noticia de su muerte, Bolívar le escribe, desde Campo de Buijó, frente a Guayaquil, el 14 de Julio de 1829, a su hijo el entonces coronel Joaquín Mosquera, quien llegaría a ser presidente de Colombia: “Mi querido amigo: Lloremos juntos la pérdida del mejor hombre del mundo; ha faltado ha Vd. un padre, a mi un amigo y a la humanidad su apoyo. Los que hemos quedado sentados sobre este miserable globo de tormentos, somos los más desgraciados; él subió a la mansión de los buenos, donde sin duda tendrá un puesto muy preferente entre los que fueron los moradores más virtuosos. No debía morir su padre de Vd., mi amigo, si la bondad fuera la esencia de la vida; más ¿para qué había de vivir sino para aumentar su martirio? Estos hombres, esta vida y esta revolución son bastante para hacer aborrecer la existencia más afortunada. Ya descansó el buen señor; y estoy seguro que sus últimos pensamientos fueron en Dios, sus hijos y la Patria; también yo debo haber participado de sus sagrados recuerdos.- Nos ha consternado una muerte tan sensible para sus hijos y para sus buenos amigos que, a la verdad, no nos consolaremos nunca de una falta que no podemos remediar; porque ¡quien repondrá en este mundo a don José María Mosquera! Tenga Vd. la bondad de manifestar mis sentimientos a toda su desolada familia y aun a Popayán entero, que no dejará de tener el mismo dolor que nosotros». José María Mosquera nació en Popayán el 12 de abril de 1752. Fue Sargento Mayor de las Milicias, Alcalde Ordinario, regidor perpetuo y síndico procurador de su ciudad. Murió el 19 de junio de 1829.
José Rafael Arboleda
En Diciembre de 1829 Bolívar, de paso para Bogotá, llega a Popayán y se hospeda en la hacienda de Japio de Don José Rafael Arboleda quien era su fiel amigo. Cuando Bolívar se despide de su anfitrión, le entrega como testimonio de amistad y reconocimiento el anillo de bodas de su madre, Doña María de la Concepción Palacios y Blanco. La familia Arboleda conservó la joya con gran celo histórico a lo largo de las generaciones como uno de los tesoros patrimoniales más valiosos vinculados al Libertador.
Estanislao Vergara
A quien Bolívar escribe el 8 de Diciembre de 1830, a las puertas del sepulcro: «La amistad que siento por usted es más pura que la luz del sol».
Luís Perú de Lacroix,
El autor del Diario de Bucaramanga, fue su amigo y confidente en las angustiosas horas de la Convención de Ocaña. Fue uno de los fieles hasta el último momento pero no pudo estar presente el día de la muerte de Bolívar por cumplir la orden de trasladar prisionero a Bogotá a Ezequiel Rojas, uno de los conjurados para asesinar al Libertador la noche del 25 de septiembre de 1828, que fue descubierto oculto en la casa del Obispo de Santa Marta.
Muerto Bolívar, Perú de Lacroix participó en la Revolución de las Reformas que destituyó a José María Vargas, pero derrotado por Páez fue expulsado de Venezuela y regresó a Francia, donde vivió en la miseria. Imposibilitado de reunirse con su esposa colombiana, se suicidó en París en 1837. ¨La sepultura me inquieta un poco¨, escribió como despedida.
José Palacios
El increíble mayordomo que adolescente juró, según la tradición, ante el lecho de muerte de doña María Concepción, que no se separaría de Simón, y lo cumplió. Era un negro liberto de los Palacios, nacido, probablemente, en 1770, acompañó a Bolívar en sus viajes y campañas militares, por estar enfermo en la casa de Gobierno salvó su vida la noche del atentado septembrino.
Se cuenta que acompañó al joven Bolívar a Europa y a Estados Unidos, estuvo en la Nueva Granada y en Jamaica, fue Sargento Primero en Carabobo, y marchó con el ejército expedicionario del Sur. Fue el administrador de los gastos personales del Libertador, llevaba sus cuentas y estaba a cargo del palacio de la Magdalena Vieja, residencia del Libertador-Presidente. En Santa Marta, no se separó un instante del lecho de muerte. Bolívar lo incluyó en su testamento. Cuando los restos de Bolívar llegaron a Caracas en diciembre de 1842, estaba presente, cumpliendo su juramento. Se cuenta que vivió sumido en el alcohol y de la caridad pública hasta los 76 años, cuando murió en un sitio para mendigos licenciados del ejército libertador.
Simón Rodríguez
El valiente defensor de las ideas republicanas de Bolívar, su más grande admirador y proselitista, escribió un largo ensayo en 1830, intitulado ¨El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendido por un amigo de la causa social¨. Murió en el perdido pueblo de Amotape, en la mayor pobreza, acompañado de Camilo Gómez, un amigo de su hijo José, y de un viejo baúl lleno de papeles, de los que se salvaron del incendio de Guayaquil.
Fernando Bolívar
El hijo del desgraciado Juan Vicente, sobrino predilecto del Libertador, quien lo envío a educarse en la Universidad de Jefferson en los Estados Unidos, Fernando regresó a Venezuela en 1828, pero en Julio o agosto parte para Bogotá reunirse con su tío, y desde ese momento se convierte en su edecán, secretario privado, correo confidencial y confidente; estuvo presente en el Palacio de San Carlos cuando el atentado del 25 de septiembre, y lo acompañó en San Pedro Alejandrino en el trance supremo de su muerte. «He quedado huérfano por segunda vez», diría ante el cadáver de El Libertador. Páez le negó el derecho a formar parte de la comisión que repatriaría los restos de su tío.
En 1855, hallándose en Caracas, le escribió una carta al general Tomás Cipriano de Mosquera, quien dirigía los destinos de la Nueva Granada (hoy Colombia), incitándole a encabezar un movimiento de opinión en fin de reconstituir la antigua República de Colombia, la Gran Colombia, que se había disuelto al morir el Libertador en 1830; decía en su carta: «…no ha muerto, sino vive en la historia, en el corazón de muchos y representada por sus hijos…». Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


